Un año más hemos despedido las fiestas de Moros y Cristianos. Las luces, el castillo, la pólvora, la música festera, todo, queda guardado para el año que viene que a día de hoy, ya esperamos.
Con la bajada de temperatura y acompañado del agua de lluvia que chispea en el momento en que escribo estas líneas, llega la hora de hacer balance de lo que han sido estas fiestas y de los recuerdos que nos dejan guardados en la memoria, deseosos de que vuelvan a repetirse al próximo año.
Podemos decir, que el ambiente festero lo inauguramos en la semana festera, en la cual se presentaron las damas y capitanías de este año, así como el cartel y la portada del libro que ilustrarían las fiestas del 2010. Este año el que firma esta crónica tuvo el honor de ser el autor del cartel, premio muy luchado durante años, y tuvo el placer de verlo en los comercios y locales del municipio.
Poco antes de la semana cultural festera, nuestra escuadra consiguió elegir el traje con el que desfilaría y comenzamos con los siempre difíciles pagos de las cuotas correspondientes. Este año, despedimos nuestra juventud moruna, aquella que nos libraba del pago de la música y de la mitad de la cuota, para hacer un pago íntegro de los gastos que nos permiten disfrutar en septiembre, pero que en febrero cuestan bastante de sufragar. Los problemas económicos personales de los socios de la escuadra y un septiembre confuso en cuanto a exámenes, presagiaban serios problemas para formarla, en su tercer año como escuadra. No obstante, conseguimos recaudar el dinero necesario y dejamos de una manera o de otra, las futuras fiestas bien atadas.
El año fue avanzando y cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos a julio. Los exámenes estaban siendo terminados para unos, y otros los habíamos finalizado, por lo que ya nos podíamos centrar en las fiestas. Lo primero fue adecentar el estado de la sede de los Sirios, muy deteriorada debido al abandono sufrido en el primer semestre del año. Entre aquellos que buenamente pudimos y quisimos, fuimos arreglando la guarida durante todo el verano, preparándola para el vecino septiembre. Colocamos el emblema de la escuadra en la fachada de la sede, sin salirnos del tan usado ahora concepto del low-cost (bajo coste), pero no por ello con menos orgullo.
Julio trajo consigo la Elección de Reinas, las cenas de sobaquillo y las novenas a la virgen por las diferentes comparsas. Como escuadra asistimos a la cena de sobaquillo de la Comparsa de Moros como broche final a una tarde de campo y piscina, como bien ocurrió el año anterior. Al resto de cenas, algunos sirios asistieron, además de participar como músicos en el pasacalles organizado por la Comparsa de Guerreros.

El 15 de agosto, asistimos a la novena de los Tarik, a acompañar a uno de los socios que, junto a su familia, formaba parte de esta capitanía y compartía el cargo de abanderado.
Con el primer fin de semana de agosto, los Sirios realizamos la fiesta de aniversario de la escuadra, con un botellón de sobaquillo en nuestra sede, seguido de la Elección de la Reina Siria 2010. Posteriormente al acto, se realizó un pasacalle por diversas calles del pueblo con todos aquellos amigos que quisieron acompañarnos.
Septiembre llegó, y fue el momento de terminar de preparar todo. Ya teníamos los trajes guardados, la bebida comprada y las ganas de fiesta a flor de piel.
Con la escuadra Nazaríes, volvimos a disfrutar de la música en la calle, como bien hicimos nosotros el agosto anterior, con su particular retreta y la participación de diversos músicos locales, entre estos, algún que otro sirio.
Llegó el día 5. Un año más comenzábamos las fiestas con la retreta, en la que todos los sirios, con nuestro polo oficial, acompañamos a la comparsa de Tarik y su farol, bailando y disfrutando con las tradicionales canciones de la retreta y otras más actuales, ataviados con la amarilla pañueleta de la capitanía. Incluso alguno de los sirios llegó a portar y bailar el farol en algún momento que otro. La retreta la finalizamos en la sede de la capitanía donde quedó guardado el farol y comenzamos la ruta por la feria y guaridas cercanas. En la feria, muchos de los sirios subimos a la atracción de los toros mecánicos, en la que disfrutamos como niños. No obstante, una pobre muchacha se lastimó el pié, motivo por el cual abandonó la noche. Al contrario, el resto del grupo continuamos la velada y pusimos cierre en la carpa festera, cuya música rancia y repetitiva nos acompaña todos los años.

El día 6 abría con la diana de los Tarik, el Paseo de Volantes y el resto de actos correspondientes, en el que destacaríamos la gran mascletá rítmica que disfrutamos todos los allí presentes. Cuando los petardos y cohetes comenzaron a formar la base de una marcha mora, el ambiente se fue alegrando progresivamente, llegando incluso a quitar la resaca de algunos, hecho verídico.
Cuatro y media de la tarde, hora de reunirnos y comenzar con los maquillajes y trajes para la Entrada y a las seis y media, decidimos bajarnos hacia la calle San Jaime para estar en el ambiente que este desfile genera y presenciar parte del recorrido de la misma.
Llegó el momento de desfilar, delante de la escuadra Atalhajakes, abriendo grupo, pero con la música en la lejanía. Cabe decir que fue un buen pasacalles, en el que, posiblemente fuésemos culpables de crear cierto corte, pero en el que, posiblemente sea el primer año, hemos mantenido un paso medianamente correcto pero con la misma alegría y ebriedad de siempre. Unos que son fieles a sus principios.
Con motivo de no querer alargar mucho más esta crónica, obviaremos las noches festeras, que prácticamente son iguales, al igual que los actos en los que no hemos participado como escuadra. No obstante, unos cuantos asistimos a la subida de nuestra patrona, así como participamos en la Ofrenda de flores. Hemos asistido varios sirios a todos los Episodios Caudetanos, al igual que otro gran número de festeros jóvenes, de los que muchos participan activamente. Como única participación directa, tuvimos la presencia de este servidor en la Tirada del Moro del día 9, si se puede llamar participación y poco más.
El día 8 asistimos a ver el Ruedo de Banderas de la Plaza del Carmen, y con mucha más ilusión, el de la Plaza de la Iglesia, en donde uno de los Sirios, tuvo el honor de rodar la bandera de la Comparsa de Tarik. Al final el ruedo, todos muy emocionados quisimos felicitar a nuestro compañero, pero a la vista del gran número de familiares y protocolos varios, sólo un sirio se acercó a dar la enhorabuena.

Siendo breve, quisiera comentar que el día 9 asistimos a comer a la Capitanía de los Tarik y en la noche, volvimos a disfrutar del desfile de la Enhorabuena, con una música mucho más próxima y con un buen paso. En general, la escuadra está contenta con su comportamiento en los desfiles, exceptuando el momento de saluda al capitán en el que un miembro decidió reinventar el protocolo e intentó girar la fila, partiéndose esta, y dejando un final un tanto estrepitoso.
Con el día 10 de septiembre, volvimos a despedir las fiestas con la traca final, acto en el que ya no participamos como corredores, debido a nuestra avanzada edad y al gran deterioro físico que han supuesto los días anteriores. No obstante, ahí estuvimos, viendo como esta traca cierra nuestras fiestas. Esas fiestas por las que estamos todo un año hablando en los cafés, organizando pagos, pensando trajes, idealizando el momento en que lleguen. Pero sobretodo, esas fiestas, que desde el momento en que explota el último petardo, ya estamos añorando.
Con este balance, llega el momento de mirar hacia los meses venideros, en los que cada uno está en un sitio, unos más lejos que otros; con nuestras carreras y trabajos, pero con la mirada puesta en las próximas Navidades y en los Bailes del Niño. En una gran Nochebuena y Nochevieja. En unos abundantes Reyes. En unos Carnavales, en unas Pascuas… En tantas cosas, que cuando nos queramos dar cuenta, volvemos a oler pólvora.